Desde
hace meses me despierto con el sol, incapaz de soportarlo. Me visto, desayuno
un vaso de leche sin cereales, y al ir al baño paso por delante de la puerta de
mi hermana, que siempre está cerrada. Solo encuentra trabajos de camarera, y
cuando vuelve se pasa la noche estudiando para poder ser bailarina. No acabó el
bachiller, pero ahora lo necesita para la escuela de danza. A veces me quedo
leyendo hasta tarde y la oigo volver. Se escucha el microondas, la ducha y sus
lamentos mientras estudia. No es que hable sola, suele decir nombres de amigas.
Supongo que les manda mensajes de voz.
Hoy
he decidido empezar este diario. La psicóloga me recomendó escribir lo que
siento, y no me apetece recordar a mis padres pero necesito hablar sobre mi
hermana. Al volver de clase me ha contado su día, y creo que me ha mentido.
Estoy haciendo tiempo por si habla con una de sus amigas y consigo oír lo que
les cuenta.
Me
he despertado como siempre a primera hora. He dormido bien y he salido a la
cocina a desayunar, pero no quedaba leche. Le he dejado a mi hermana una nota
para que lo supiese y me he ido a clase.
No
me gustan los martes. Tenemos lengua a primera hora y la profe nos hace
aprendernos los periodos y autores de memoria. Hoy se me ha olvidado
repasármelos. Justo me ha preguntado. “Alberto, dime un autor del Siglo de
Oro”. He probado suerte con un “Góngora” dudoso, y ha asentido. Al siguiente le
ha preguntado de qué corriente literaria formó parte Góngora. Ha respondido
convencido. “Culteranismo”. “Muy bien, Carlos”. Ha continuado con su ronda de
preguntas, pero yo me he quedado esperando una explicación de qué es eso del culteranismo.
Viendo que no llegaba, he sacado de la mochila un tomo de manga y me he puesto
a leerlo bajo la mesa.
El
resto de clases han sido igual de aburridas, pero he podido terminar los tres tomos
que me había dejado Elena. Al terminar la mañana me he acercado a
devolvérselos. Los hemos comentado, y después me ha invitado a ir a su casa a
comer. La he rechazado educadamente, pero ha insistido. Creo que su madre le ha
dicho que me invite siempre que tenga ocasión. Al final he aceptado y hemos ido
juntos a su casa. Hemos comido muy bien junto a su familia, y después hemos
pasado la tarde haciendo deberes y jugando a videojuegos.
Se
portan muy bien conmigo, me gusta estar en su casa. Cuando ya me iba me ha
recordado que me llevase los tres tomos siguientes. Los he cogido agradecido e,
impaciente por saber cómo continúa la historia, he corrido a casa para poder
seguir leyendo. Al entrar he visto dos bolsas repletas de comida sobre la mesa.
Llevaba desde que no están mis padres sin ver tanta compra junta.
Me
he sentido raro al recordar los viajes con mi madre al supermercado. Nunca me
dejaba comprarme nada, decía que no podíamos permitírnoslo. Eso hizo que no me gustase acompañarla, pero ahora lo echo de menos. Mi hermana ha salido al salón al
oírme llegar, y creo que me ha encontrado llorando porque ha venido corriendo a
abrazarme.
Ha
conseguido calmarme y le he ayudado a guardar la compra. Después nos hemos
sentado en el sofá y hemos estado hablando un rato.
Me
ha dicho que el otro día la tiraron del bar en el que estaba, y que no me lo
había contado porque le daba vergüenza, pero que ya ha encontrado algo mejor. Ayer
por la mañana le ofrecieron un trabajo como bailarina muy bien pagado. Dudó,
pero al final llamó y aceptó, y por eso ha podido comprar tanta comida.
Le
he preguntado en qué consistía el trabajo y me ha dicho que bailar por las
noches en un bar. Tenía curiosidad y le dicho que si era mientras la gente
cenaba. Me ha contestado solo con un “sí” y ha puesto la tele, así que no he
podido preguntarle más.
Hemos
visto un programa de cocina. Han elaborado una receta fácil, y como teníamos
los ingredientes mi hermana ha dicho de hacerla. No nos ha salido muy bien,
pero hemos pasado un buen rato.
A
las once le he dicho que me iba a dormir, y me he puesto a escribir esto a la
espera de que hable con alguna de sus amigas. No quería interrumpir la
historia, pero llevo ya cinco minutos escuchándola. No para de llorar.
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