Tras
varios retrasos por los infinitos ajustes esa primavera iba a
iniciarse el plan. Todo había quedado decidido en SubDabo, la
ciudad interior, el centro velado del poder del que todas las teorías
conspiratorias venían hablando desde hacía décadas. Su ubicación
también había sido siempre un misterio, pero el lugar exacto se
encontraba en el subsuelo suizo, bajo los Alpes, justo debajo de la
residencial Davos, como una proyección en espejo hacia abajo, en el
centro geométrico de un mapamundi idealizado. Allí ocultos se
reunían y decidían al margen de todas las leyes de todos los países
los únicos de verdad poderosos del planeta. Ellos eran un reducido
grupo de elegidos encargados de manejar las riendas del mundo.
Ocupaban, junto con pequeños equipos de funcionarios, la ciudad
secreta de SubDabo, de unos 300 kilómetros cuadrados. El Poder
estaba concentrado en el TREPH, órgano colegiado formado por tres
Komt: el Komt Financiero, el Komt Científico y el Komt Ficción,
cada uno a su vez jerarquizado en Divisiones, Secciones, Jefaturas y
Planes. Desde esta élite sigilosa se dirigía el destino de la
Humanidad, sus crisis y bonanzas, sus accidentes y sus logros, sus
mejoras sociales o sus oleadas de crímenes. Manejaban la economía,
el desarrollo técnico y guionizaban la manera de ir presentándolo a
la Historia.
La
tecnología en 2039 ya era suficientemente avanzada como para poder
influir en el clima de una área no muy grande del planeta. El orden
cósmico todavía estaba fuera del control humano, la Tierra seguía
sus órbitas alrededor del Sol, las estaciones se sucedían en los
ciclos habituales, pero se estaba a punto de iniciar pequeños
ensayos con modificaciones ambientales controladas. Los efectos del
cambio climático global ya se dejaban sentir de manera muy concreta
y la población se había ido adaptando a ellos mientras sufría las
consecuencias. Aquella primavera de 2039 era el momento elegido para
dar un salto adelante. Tras muchas pruebas virtuales en los
simuladores de SubDabo había que ponerlo en práctica sin más
demora. Se evaluaron todas las zonas del mundo. Se tuvieron en cuenta
las densidades de población y las expectativas de vida de cada área.
Se pensó en afectar al Primer Mundo o intentarlo en zonas ya
depauperadas de África o Asia. También los diferentes regímenes
políticos se tuvieron en consideración: no serían las mismas
consecuencias para el proyecto llevarlo a cabo en una dictadura que
en una monarquía o en una democracia parlamentaria. Muchos debates e
informes después, el TREPH emitió su veredicto irrevocable y por
unanimidad: el sector elegido para un cambio de clima experimental y
monitorizado sería el país europeo conocido como España.
Se
tuvieron en cuenta su latitud y su longitud, la formación geológica
sobre la que se asentaba, su flora y su fauna, su historia como
pueblo a lo largo de los siglos, sus kilómetros de costa y decenas
de parámetros más. Pero lo que terminó de inclinar la balanza fue
el peculiar caso que suponía su presidente Rajoy. En aquel 2039 el
país ya era formalmente una República. La Monarquía había sido
abolida años atrás sin demasiados dramas ni impedimentos, los
nacionalismos periféricos se mantenían e incluso habían surgido
nuevos. La corrupción política y financiera era una constante,
salvando las escasas épocas en que la Justicia parecía despertar de
su letargo y ponía un poco de miedo en las sedes de los partidos,
para poco después volver a relajar la vigilancia. Las naciones
vecinas habían cambiado sus gobiernos a través de sucesivos
procesos electorales. Algunas incluso habían terminado por
desaparecer engullidos sus sistemas por movimientos ultras de todo
signo y vivían en regímenes híbridos, mitad dictaduras, mitad
democracias parciales. Europa en su conjunto había perdido peso e
influencia en el ámbito geopolítico. China era el nuevo líder sin
rival y las antiguas potencias como Estados Unidos y Rusia padecían
severas crisis sociales y tecnológicas de las que el régimen de
Pekín no les dejaba salir. Un mundo parecido al de siempre, aunque
con significativos cambios. Pero Rajoy seguía ganando elecciones,
inaugurando legislaturas, una detrás de otra. Incluso su partido
original había desaparecido completamente carcomido por los cohechos
y las corruptelas de forma que él mismo se vio forzado a crear uno
nuevo en el que sólo figuraban sus más estrictos colaboradores.
Desde esa postura de fuerza incontestable, extraña, imbatible, toda
la oposición política, sin distinción ideológica, había formado
una Gran Coalición, incluidos sus antiguos compañeros de filas,
para intentar derrocarlo. Pero fracasaban una y otra vez., de tal
manera que el titán político había acabado modificando la
Constitución de 2020 y su reforma le permitía ocupar los dos más
altos cargos del país: Presidente de la República y Primer
Ministro. En SubDabo no pasaba nada desapercibido y este hecho
insólito en el panorama político internacional menos aún. Se daban
pues dos circunstancias que no se podían desaprovechar: la
peculiaridad de la propia España y el caso único de Rajoy, a punto
de cumplir los 84 años (conocido en el mundo hipertecnificado de
SubDabo con el código RYO). Cuando se le llamó a consultas en un
amplio despacho de los sótanos suizos para exponerle el plan secreto
ni se extrañó ni se opuso. En su dilatadísima carrera se había
visto comprometido en situaciones mucho más complejas y de todas
había salido indemne. En este caso los jerarcas del TREPH fueron
persuasivos como sólo ellos podían serlo y RYO salió a la
superficie convencido de que aquel sería otro motivo más por el que
la Historia lo recordaría. Nada podía salir mal. Se trataba tan
sólo de una prueba controlada en todo momento, testada ya antes en
potentes ordenadores. La República española estaría informada en
todo momento de la planificación y avance del programa. Las posibles
pérdidas económicas que se derivaran serían compensadas con
creces. El nombre de España saldría del olvido científico secular
en que se encontraba. RYO dijo sí a todo.
En
marzo de 2039, momento de inicio de la operación SpAAnic9, que
así se llamaba el estudio piloto, el clima en toda España era el
propio de esa época: inestable, con anticipos de una primavera
soleada en la mitad sur, algunas lluvias esporádicas, nubes en
cielos muy azules... Pero fue a partir del día 10 cuando toda la
tecnología de la que era dueño el TREPH (satélites opacos,
miniestaciones submarinas, bosques biointeligentes, ríos que
conducían metadatos informáticos en sus corrientes, etc.) se puso
en marcha y la temperatura empezó a bajar a razón de un grado por
día. Todavía no era una anomalía que fuera noticiable en los
noticieros, pero era algo que se dejaba ya sentir. El programa
continuó su hoja de ruta y según tenían establecido se decidió
dar un primer impulso sensible hacia la semana de Fallas, en la
ciudad costera de Valencia. Los días en los que transcurrió la
citada festividad estuvieron todos nublados, con vientos huracanados
que apenas duraban veinte minutos, con lluvias muy copiosas e
impropias de marzo. Hubo algunos desbordamientos de torrenteras y
riachuelos con las consiguientes inundaciones, aunque sin lamentar
más que pequeñas pérdidas económicas. La población que llevaba
un año esperando las Fiestas se indignó sobremanera y cada uno echó
las culpas a quien mejor le convino. Los hoteles de la capital
vivieron múltiples cancelaciones de última hora. Los restaurantes
dejaron de ingresar mucho dinero. Los posibles efectos económicos
del turismo en la ciudad se esfumaron y buscaron otros destinos. En
SubDabo asentían satisfechos mientras llegaban los primeros datos:
estaban incidiendo en la pérdida de riqueza de la zona además de
modificando la actividad humana y, por supuesto, molestando mucho el
humor de los festeros. El plan avanzada con todo a favor. Pasaron las
fiestas pero el estupor se iba a apoderar de la población: el día
20 de marzo el sol lució en todo el territorio nacional, la
temperatura aumentó 12 grados y la primavera dio comienzo y brilló
como si tal cosa, de manera singular en la ciudad del Túria. La
televisión, las radios, las redes sociales, no pararon de comentar
el suceso tan poco habitual de vivir una semana de tiempo otoñal
"incrustada" en mitad de un marzo meridional. En los
procesadores de SubDabo se analizaban todas las variables y registros
que se habían tomado. Las conclusiones fueron unánimes: como prueba
inicial había funcionado mucho mejor de lo esperado. RYO fue puesto
al día con unos sucintos dos folios enviados por fax a su despacho
en Zarzuela (residencia reconvertida en domicilio del Presidente de
la República). Las semanas posteriores se dejaron al albur de la
propia climatología. El pueblo español volvió a enzarzarse en sus
estériles disputas políticas y futbolísticas. Nuevos programas
televisivos pugnaban por apoderarse de una audiencia a esas alturas
incapaz de cualquier otro ocio que no fuera el envasado y digerido
por los programadores de las compañías de entretenimiento.
La
primavera avanzó a su ritmo. Pasadas una semanas y casi olvidado el
incidente climatológico de días atrás se volvió a la agenda
oculta que se tenía maquinada en los despachos subterráneos
suizos. Una nueva intervención iba a producirse hacia finales de
abril, coincidiendo con la Semana Santa en España (los estudios
preliminares hechos en los simuladores de SubDabo habían comprendido
perfectamente la importancia de las fiestas, de todo tipo, en el
desarrollo cultural y económico del país). En esta ocasión se iba
a hacer especial incidencia en el Área Sur del territorio. En ese
2039 ya había arraigado en Andalucía un fuerte compromiso
nacionalista, casi a la altura de las regiones catalanas y vascas. De
manera que los programadores del TREPH pretendían dar un giro más:
incidir doblemente en el estado de ánimo de los andaluces como
españoles y como nacionalidad perjudicada frente al resto del
territorio. El proceso de manipulación climatológico siguió los
valores establecidos en marzo, pero si acaso en esta ocasión fue
algo más virulento. Un empeoramiento repentino llegó a los
termómetros y la estaciones sin capacidad para haberlo previsto;
vientos nunca experimentados por esas zonas sureñas, bajadas de
temperaturas históricas, lluvias como de monzón. El impacto en la
población fue brutal. La gente se vio indefensa ante lo drástico de
la situación. No ya el componente folclórico que se fue al traste
molestó al común de los habitantes, sino que la actividad cotidiana
se quedó paraliza durante cuatro largas jornadas. El Ejército
intervino, la Cruz Roja trató de asistir a los que vieron inundadas
sus casas o derruidos sus chalets, las Comunidades vecinas ofrecieron
sus propios recursos para ayudar inmediatamente. Como era de esperar,
el sufrido pueblo español en su conjunto miró hacia el Presidente
de la República. Como era de esperar, RYO tampoco manejaba todos los
detalles de la operación. Sólo pudo improvisar promesas de
compensaciones económicas y mostrar su más honda preocupación por
los afectados. Para ello emitió un mensaje televisado que nadie pudo
ver en la mitad sur del territorio debido a los cortes del suministro
eléctrico y que en la otra mitad no terminó de inspirar mucha
confianza, pero que aún así decidió encomendarse una vez más a su
discurso entrecortado. Se vivieron y quedaron registradas en las
infinitas cámaras de vigilancia las primeras respuestas en forma de
pánico irracional en algunas personas. Que volviera a ocurrir un
fenómeno tan descabellado en tan poco espacio de tiempo no podía
obedecer a causas naturales y lógicas. Debía existir un componente
que no tuviera relación con el azar natural de las cosas. En las
tertulias televisadas se propagaban teorías de todo tipo y se
desmentían casi con la misma rapidez. La gente en los mercados y los
jubilados en los parques tiraban del eterno refranero español
buscando análisis concluyentes. Los funcionarios de SudDabo no
paraban de felicitarse. La elección de España como campo de pruebas
no defraudó a nadie.
Sin
embargo el plato fuerte estaba preparado para la noche de Viernes
Santo. En un momento determinado del atardecer el sur español sufrió
una tormenta de granizo como nunca se había visto. El caos fue casi
total. Se mezclaron las maldiciones al cielo, la paranoia, el miedo
ante la hecatombe que bajaba de las nubes, la resignación cristiana
y el colapso en las estaciones de autobuses. Los más propensos se
inclinaron ya a pensar en un castigo divino, como los que se pueden
leer en el Antiguo Testamento: tantas facilidades republicanas al
resto de religiones para que se implantaran en el territorio sólo
podía traer estas consecuencias, pensaron. Hubo lloros en las
Hermandades sevillanas como en su momento en los casales falleros.
Pero al igual que en el anterior ensayo de marzo, los programadores
de SudDabo levantaron el pie para el Domingo de Resurrección. Aquí
la mejora paulatina del tiempo ya fue medida casi al milímetro. La
temperatura subía décima a décima en un crescendo que desembocó a
las doce de la mañana del domingo en unos maravillosos 27 grados de
media en todo el pais. El panorama que ofrecía a vista de dron
Andalucía era propio de un paisaje noruego y sin embargo el cielo
despejado y el sol radiante eran el común de la costa mediterránea
africana. El granizo comenzó a derretirse con celeridad mientras las
imágenes del deshielo se recibían en los monitores de SudDabo. La
operación marchaba perfectamente y se estaban cumpliendo los plazos
mucho mejor que en las mejores previsiones. Como en el primer ensayo,
el día a día pronto restauró la conmoción de los españoles. Cada
cual volvió a sus cosas. Una de las principales cuestiones a
resolver fue encontrar fechas para disputar la jornada de Liga que
hubo de ser aplazada por la granizada. Volvieron las tertulias y los
refranes en los parques. RYO era consciente de que todo obedecía a
una programación de Organismos muy preparados, pero de vez en cuando
también le asaltaban dudas sobre cómo acabaría todo aquello. Pensó
en pedir explicaciones, pero lo fue dejando.
Los
Servicios de Inteligencia (ajenos por completo a los planes del TREPH
y tampoco informados por el Presidente) ataron cabos y concluyeron:
la próxima anomalía climatologíca se volvería a producir en mayo,
concretamente en las Fiestas de San Isidro de Madrid, justo en el
centro de la República, donde las consecuencias podrían ser
inimaginables. Emitieron los correspondientes informes alertando de
lo que se venía encima e inmediatamente el Gobierno preparó un
dispositivo a la altura del posible ataque (ya se manejaban esos
términos, como si el frío inesperado tuviera la categoría de
célula islamista). Madrid se fortificó. Se desplegaron hospitales
de campaña por los barrios, se instalaron equipos de energía para
los posibles cortes en el suministro, se almacenó agua en cisternas
en la periferia. El pueblo madrileño asistía al despliegue entre
preocupado y aliviado. Todos los actos previstos en las Fiestas se
intentaron programar en lugares que estuvieran a cubierto, tratando
de evitar nuevos lloros por las cancelaciones de última hora. La
inversión en seguridad fue descomunal. En SudDabo no salían de su
asombro cuando las imágenes de las plazas madrileñas les llegaban a
través de las pantallas. No habían ideado nada para mayo, pero daba
igual: el Gobierno español se adelantaba a sus complejas
desestabilizaciones. La estrategia de provocar el miedo y su alivio
preventivo también influía directamente en la economía y en la
política de la zona en conflicto. Podían obligar a gastos
desmesurados creando el clima adecuado. Coincidió que en todo mayo
no cayó una sola gota de agua en Madrid. En el resto de España
ocurrió algo parecido, de tal manera que se catalogó como uno de
los mayos más secos de los últimos treinta años. Las verbenas
pudieron celebrarse por las noches como toda la vida lo habían hecho
mientras que las mañanas se dedicaron a recoger todo el dispositivo
de seguridad intacto.
Pero
ni en mayo ni en junio ni en julio ocurrió nada anómalo en la
climatología ibérica simplemente porque en Suiza, en sus estratos
turbios, en la ciudad más poderosa, estaban diseñando el tramo
final de la operación SpAAnic9. Las
semanas transcurridas sin alteraciones también formaban parte de
planificación, pues en SudDabo no eran ajenos a lo olvidadizo que
podía ser el pueblo español, sobretodo teniendo en cuenta que el
verano ya estaba a la vuelta de la esquina y ese era el tema
principal por encima de los demás asuntos. Después de los muchos
estudios y ponderaciones la troika del TREPH, asesorada por sus
eficientes funcionarios, decidió que el cenit y conclusión del
experimento debía producirse el 15 de Agosto, festividad de la
Virgen en la práctica totalidad del territorio y que además sería
lunes, con lo que el conocido "Puente de Agosto" aportaba a
los ideadores del programa un valor añadido. También se tuvo en
cuenta los cientos de miles de turistas que estaba previsto que
llegaran a España ese verano. El terrorismo internacional ya no era
un mal exclusivo de ningún país, pues se producían ataques,
grandes y pequeños, en todos los continentes. Simplemente España
llevaba ya varios años sin sufrirlos y eso había ido decantando su
pujanza como destino preferido de aquel que podía permitirse viajar
al extranjero para sus vacaciones. Si eran muchas las nacionalidades
que se veían afectadas por las consecuencias del experimento el
caudal de datos sería muy valioso para los estudios posteriores. En
SudDabo no dejaban nada al azar. Agosto empezó con unas temperaturas
ya altísimas. La meseta Central y el Sur no bajaban de los 24 grados
y sólo en las costas se podía respirar un poco al caer el sol. La
ocupación hotelera rozaba el lleno absoluto. Las carreteras se
cobraban a los muertos habituales en la Operación Salida y hasta el
pueblo más pequeño y más recóndito hacía pasacalles con sus
Damas de Honor y su Reina en las Fiestas del Verano. Todo muy
normalmente español mientras el TREPH perfilaba las últimas
cuestiones y ponía en marcha los movimientos preliminares. A RYO
apenas le habían puesto en antecedentes de todo lo que sucedería,
pero le tranquilizaron diciéndole que esta última planificación es
la que más tiempo les había llevado y en la que más cuidado habían
puesto. Todo Ok, pues, -asintió el Presidente.
El
sábado 13 el día amaneció caluroso, sin nubes en el ancho cielo
español, con las playas atestadas y los chiringuitos inmersos en una
actividad frenética. El interior de la Península era algo parecido:
el turismo rural había colonizado prácticamente todo el territorio
que no se encontraba en la costa, de manera que España se había
convertido en un gigantesco balneario. Muy pocas zonas se conservaban
ajenas al negocio. Pero ya era casi la única actividad que
proporcionaba ocupación a sus dolidos habitantes, así que a nadie
se le ocurría cuestionar ese modelo económico. Fuegos artificiales
por la noche, vaquillas en las calles de muchos pueblos, carreras
populares alrededor de los antiguos polígonos industriales, algunos
Torneos de fútbol veraniegos para calmar el ansia de los
aficionados, un verano clásico, en definitiva. La diferencia es que
todo esto estaba siendo visualizado y seguido al minuto por los
canales de la inmensa Central de Control de Datos de SubDabo. El
domingo siguiente, día 14, la tónica general fue la misma. Se
produjeron también múltiples bodas (en más de una hubo que
lamentar la intoxicación alimentaria de los invitados), los
inevitables consejos de las Autoridades Sanitarias para protegerse
del calor, algún incendio provocado en la parte de Galícia, etc. Por
la noche las terrazas se llenaron de extranjeros y autóctonos en una
comunión perfecta celebrando la alegría de vivir.
Sin
embargo, en la madrugada del lunes 15, en el día ya grande de la
Fiesta Absoluta Española, algo empezó a cambiar: la operación
SpAAnic9 estaba relanzada. El cielo se fue colmando de
nubarrones cárdenos, la brisa del amanecer arreció extrañamente,
los animales de los corrales en la parte agraria del país y las
consentidas mascotas que vivían en los mejores áticos de las
grandes ciudades se inquietaron al unísono y ya no pudieron ser
calmadas. El mar en todas las costas se fue alterando ola a ola y el
agua fue tornándose gris oscuro. Los más trasnochadores y los más
madrugadores fueron los primeros en notar que algo estaba pasando y
no sabían identificarlo. A las 08.30 horas empezaron a caer los
primeros copos. Y no solo en las montañas o en la parte alta de la
meseta. No hubo lugar del territorio español en el que la nieve no
hiciera acto de presencia aquel 15 de agosto. El ambiente festivo de
unas horas antes aún se mantuvo con la sorpresa inicial y la gente
empezó grabar vídeos y a llamar a los niños para que se levantaran
de sus camas y presenciaran el fenómeno. Lejos de ser una anomalía
puntual la nevada fue arreciando mientras el sol quedaba oculto tras
unas nubes ya verdosas. Según avanzaban los minutos las cadenas de
televisión empezaron a hacer conexiones con distintas provincias
para empezar así a crear un clima general de alarma: no había lugar
a donde ir que estuviera fuera de ese raro influjo invernal en pleno
Puente de agosto. La temperatura se desplomó en todas partes y de
los casi treinta grados de hacía unas horas ya se habían perdido
más de la mitad. Las primeras procesiones previstas en honor de la
Virgen tuvieron que ser canceladas, dando paso así a los primeros
lloros. Sobre las 11.30 horas las carreteras secundarias quedaron
impracticables mientras la nevada ya era muy copiosa. Una hora más
tarde fue la red ferroviaria la que quedó bloqueada. El frío se
dejaba sentir ya muy en serio. La televisión emitía unas imágenes
que bien podían ser del enero anterior. En el Gobierno (ajeno por
supuesto a los planes helvéticos) se empezó a valorar la
posibilidad de que el Presidente emitiera algún comunicado
tranquilizador, pero RYO pensó que aún era pronto. Los servicios de
emergencias, bomberos, Ejército, Unidades de Actuación Inmediata
(UAI), todos pusieron en marcha sus operativos para estos casos,
aunque más de la mitad de las plantillas se encontraba de
vacaciones. Las redes sociales continuaron su labor extendiendo
noticias falsas, comentarios xenófobos, fotos trucadas, etc. Pronto
empezaron a rodar teorías que unían los anteriores episodios de
caos climático en marzo y abril con lo que estaba pasando en
aquellos momentos. De igual forma, los internautas más refraneros
sacaron su artillería pesada. En esas mismas redes empezó a
circular la certeza de que justo tras nuestras fronteras vecinas,
francesas y portuguesas, el clima era el propio de la mitad de
agosto. Esto solo consiguió incrementar el terror, pues quedaba
patente que España estaba siendo objeto de un ataque muy
concienzudo. Se dispararon las posibilidades: alienígenas,
radicalizados de otras religiones, separatistas, retornados de los
centenares de guerras vigentes a lo ancho del planeta, supremacistas
vegetarianos, compradores compulsivos de todoterrenos que habían
socavado el equilibrio térmico con sus caprichos, cada cual pensó
en su grupo más odiado para hacerle responsable de la gran nevada
agosteña. Las Vírgenes Patronas en su totalidad se quedaron sin
salir de sus ermitas y cofradías. Lo de los lloros ya fue una
epidemia. Para la hora de los Telediarios el país entero estaba
cubierto por un manto de nieve y todos sus aeropuertos cerrados. Los
afectados, tanto nativos como venidos del extranjero, no daban
crédito y vivían una especie de impacto paralizante. Las embajadas
trataron sin éxito de localizar a los suyos. A las 15.30 de la tarde
el frío llegó a los 2 grados bajo cero de media. RYO fue convencido
por su equipo de crisis y salió a las pantallas. No todo el mundo
pudo recibir la alocución, pero el efecto fue en unos y en otros el
de siempre: una calma inquieta y confiada. En SubDabo ya lo estaban
festejando por todo lo alto. La operación había sido un éxito
absoluto. El ensayo in situ había mejorado los resultados obtenidos
en las simulaciones del laboratorio. La incidencia directa en el
funcionamiento entero de un país quedó demostrada al primer
intento. En cuestión de minutos fueron almacenados todos los
gráficos e imágenes para después poder hacer análisis con ellos y
tras los últimos brindis comenzó la desaceleración de la SpAAnic9.
Dejó
de nevar sobre las 16.15 en todo el país a la vez. Las nubes se
fueron desintegrando y el sol empezó su labor de deshielo. Las
temperaturas subían a ojos vista en los termómetros. Las carreteras
volvieron poco a poco a ser transitables. Los aeropuertos empezaron a
recibir la afluencia de extranjeros que estaba dispuestos a pagar lo
que fuera por obtener un billete de avión que los sacara de aquel
extraño país. Internet seguía en su realidad paralela. El
progresivo calor fundió casi toda la nieve para las 19.45 y
enseguida el inagotable espíritu español empezó a pensar en que
aún daba tiempo a preparar las verbenas para esa noche. Sin duda el
apocalipsis estaba cerca y parecía que iba a empezar por España
así que lo mejor era olvidar pronto lo ocurrido y celebrar el fin
del Puente como mandaba la tradición. RYO, viendo ya a su amado
pueblo ir a lo suyo, pensó que con una pequeña intervención sería
suficiente para dar por concluido el episodio de forma
institucional. Preparó para ello un breve discurso con algo referido
a los años de nieves y los años de bienes. Sus equipo más cercano
lo desaconsejó. Lo que no imaginaba él mismo era que a esas horas
del anochecer del 15 de agosto en SudDabo, bajo los Alpes nevados,
ya estaban pensando en incorporarlo a sus filas de funcionarios
encubiertos en la categoría de Asesor Máximo. Serían persuasivos
como solo ellos sabían hacerlo, aunque con toda probabilidad no
fuera necesario.
Diego