En Nubhyntia se
celebra el 300 aniversario del fin de la “Gran Guerra de las Setas”, y, Thim, acompañado
por su mascota y MIN, su amigo miniandroide, pasean por la capital. Se hacen
bromas y van ojeando los diferentes puestecillos que hay repartidos por la
ciudad.
Una voz mecánica
los interrumpe, haciéndose eco en toda la metrópolis; “Asentamiento encontrado, continuando búsqueda de humanos” y,
atónitos ven pasar una gran mantarraya metálica que los sobrevuela. La policía
de Nubhyntia aparece velozmente para intentar detener el artefacto, a lo que la
máquina responde con un contraataque; un enjambre de versiones más pequeñas de
sí mismo, se fijan a los cuerpos de los agentes y los inmovilizaba sin producir
lesiones.
—
¡Santo Lodo! ¡Los ha noquecido* sin sufrir un rasguño! ¡Tenemos que hacer
algo, MIN!—
—
¡Vamos a por él! No van a quedar más que chips y
morralla cuando lo destrocemos — masculla mientras cambia el rostro de su
pantalla por una cara de ira. >:(
Thim saca de su
mochila una pequeña tubería que siempre lleva consigo, por si las cosas se
complican; su compañero mecánico aplica electricidad a sus manos a modo de
taser, y, ambos corren para cargar contra la nave.
—
¡Voy a destruinarte*!
— grita el chico alzando la barra de hierro.
—
¡Yo te ayudo, Thim! — le sigue el pequeño androide. El
artefacto saca entonces unos tentáculos metálicos que lo agarran y lo dejan
sobre una farola — ¡Ayúdame, Thim! — exclama realizando unos cómicos
aspavientos. “Objetivo hostil
neutralizado”, confirma el enemigo.
—
«Lo tienes, Thim Owens. Eres valiente, generoso,
solidario, bueno y tienes una barra de metal… Te has enfrentado a cosas peores
¡Tú puedes con esto!» —.
Los apéndices
robóticos se dirigen entonces a él; siente como el corazón le late más fuerte,
tanto, que cree que se le va a salir del pecho; consiguen alcanzarlo y
comienzan a constreñirlo, Thim comienza a ponerse azul cuando… “Verificando. Humano identificado. Infante
1-Z-125: Owens”, entonces, deja
al muchacho en el suelo, aterriza y
recoge toda la ofensiva desplegada.
—
“1-Z-125”.
—
Ehhh… ¿Es a mí?
—
“Tú ayudarás a
esta unidad a rastrear humanos cuando volvamos a casa”. — una rampa se
despliega ante Thim — “1-Z-125: Owens,
sube, por favor” — repite incesantemente.
—
«Owens»
Espera, ¿Es que me conoces? — se extraña.
Antes de que el
artefacto pueda contestar, MIN, que había conseguido bajar de las alturas y,
aprovechando el descuido arremete contra el sistema central de la invasora y la
deja inservible. El joven se queda boquiabierto, asombrado, quizá la única
pista sobre su pasado y por qué es el único humano de Olonium acababa de ser inutilizada.
—
¿Estás bien, amigo? —
—
Sentía que esa nave podía ser importante para
mí. Pero estoy bien—.
Aletas llega
corriendo donde está la nave, frena en seco, olisquea el metal y, levantando la
pata, la hace de su propiedad. Todos se ríen y cuando piensan que todo ha
acabado una de las compuertas se abre y una mujer de unos veinticinco años se
acerca al chico.
—
¿¡Ahora cómo se supone que vamos a volver a casa!?
— retrocede, abre una tapadera del capó del aerodeslizador sacando un cable extensible
y se dirige decidida hacia MIN. — Más vale que te estés quieto, o quieta, o…. ¡Bah!
— agarra al miniandroide y lo conecta al transporte.
—
Pero qué…. — su pantalla se queda nublada. Thim
se queda inmovilizado, no sabe qué hacer. — “Señal recibida. 82-F-3 y 1-Z-125 requieren transporte”.
—
Pero, ¿quién
eres tú y qué estás haciendo en mi ciudad? ¿Thim por qué te relacionas con esta
invasora? — pregunta irascible y agitada Keavy, la alcaldesa de la ciudad,
escoltada por cuatro agentes.
—
Cierto, ¿dónde están mis modales? Soy Bryna
Kortig, de Ethya; una de las últimas islas habitadas por Homo sapiens no
mutados; encargada de la búsqueda de ciudadanos humanos extraídos de las islas
a manos de una organización criminal hace dieciséis años, en su mayoría bebés y
niños.
—
“Finalizando
…”— interrumpe MIN y, a continuación, recupera la consciencia y de su boca
salen impresos tres mapas del Archipiélago de los Fundadores con las
coordenadas exactas de la isla Ethya.
—
Necesito ir a esa isla — expresa Thim — No sé
exactamente por qué, pero hay algo que me dice que tengo que ir. Y… si hay más
humanos, quizá pueda saber de dónde vengo y qué hago aquí. ¡Incluso conocería a
mis verdaderos padres! Eso sería genialástico*,
¿no?—.
MIN
se apunta al viaje apelando que no va a dejar solo a su hermano de carne y
hueso solo ante este acontecimiento, y, obviamente, si van los dos Aletas
también está incluido. Seguidamente, y viendo que no supone una amenaza, la
alcaldesa les presta uno de sus barcos, por las molestias ocasionadas y porque
Thim siempre le ayuda, de un modo u otro, a resolver sus problemas de pareja. Tras
esto, Thim, Bryna, MIN y Aletas se dirigen al puerto donde suben a bordo del Marcie, el navío oficial de la
gobernante (que curiosamente se llama igual que su esposa) y ponen rumbo a
Ethya.
Durante el
viaje, Bryna les explica cómo funciona la vida en Ethya, sus costumbres, sus
métodos de defensa frente al exterior y, además, que conoce dónde se encuentra
su madre, Athena, y que en la nave que destruyeron, salían todos sus datos.
Ante esta noticia, Thim no puede esperar, un abanico de sentimientos lo invade,
está sorprendido y atemorizado, decidido y dubitativo; no sabe qué hacer.
—
Toma, Thim. Es lo único que tengo después de que
destruyerais el sistema central de la nave, es tuya— Bryna extende su mano y le
entrega una foto de su madre, la que salía en su ficha de búsqueda.
Cuando llegan,
la gigantesca cúpula se abre cuando Bryna mete la mano en el agua. Una vez en
tierra firme, la mujer les advierte que no se alejen de ella y que intenten
llamar la atención lo menos posible.
—
¡ATHENA! ¡ATHENA! — MIN se había adelantado y
andaba vociferando, buscando a la madre de su amigo. —¡Eh, Tú! —para a un
ciudadano— ¿Dónde está Athena? —
—
¡Ah! Me has asustado, ¿por qué no llevas recubrimiento
epitelial, robot? —
—
No me cambies de tema. ¿Dónde está Athena? —
replica rápidamente.
—
¿Athena? Qué pregunta más rara. Todo el mundo
sabe que Athena está en todas partes. Busca a alguien que necesite ayuda y ella
acudirá de inmediato, obviamente.
Todos suspiran
por los métodos utilizados por MIN, la discreción no es su fuerte. Mientras su
amigo mecánico preguntaba a todo el que se le acercaba, Thim ve a lo lejos una
mujer muy parecida a la de la foto, se acerca a ella decidido acompañado de
Aletas; ella al advertir su presencia se dirige a él con un a cálida sonrisa:
—
Hola jovencito, ¿en qué puedo ayudarte?
—
Esto va a sonar muy rarodículo*, lo sé, pero… Y no quiero ponerte en ningún
compromiso, pero, ¿acaso… perdiste… un hijo?
La mujer ni se
inmutó, se acercó a un vaso de plástico que había en el suelo, lo coge y
advirte a los ciudadanos de la peligrosidad de la basura, al terminar su aviso
deposita el bote en la papelera y vuelve a repetir la misma pregunta del
principio. Thim no daba crédito, no imaginaba que la primera conversación con
su madre fuera así.
La mujer de
pronto se percata de la presencia en Aletas y comienza a repetir “Mutante, sé bueno y, por favor, ayuda a ayudarnos
a sedarte”, uno de sus dedos se torna una aguja y los seda a los dos.
Cuando
despiertan se encuentran en una celda observados por su madre, pero no solo por
ella sino por cuatro más, totalmente idénticas. Una de ellas se acerca y le
hace una prueba de ADN instantánea al joven, todas las Athena se quedan
perplejas ante el resultado. Los sacan de allí y los guían hacia una sala donde,
en su centro, hay una gran plataforma rodeada de agua y un gran monitor. Thim y
la mujer se acercan y cuando están justo enfrente del visor, una imagen aparece
en la pantalla:
—
¿Estoy soñando? —dice su madre, esta vez desde
la pantalla— ¿Quién eres?—
—
Eh… mi nombre es Thim Owens ¿Eres tú mi mad…—
—
¡ERES TÚ! ¡No puedo creerlo, estás vivo! Athena-Bot
abraza a mi hijo —ordena.
La mujer que
parecía su madre lo abraza. Su madre está tan emocionada de volver a verlo después
de dieciséis años que no para de hablar.
—
Mamá, ¿qué te ha pasado? — interrumpe —¿por qué
no estás aquí, conmigo?
Su madre
acongojada y triste le cuenta la historia sobre el pasado de la isla.
—
Cuando te raptaron, me dejaron muy débil como
una cáscara de huevo. Era una Sanayudante, y no pude hacer nada por ti.
Activamos a nuestros mejores buscadores, pero nadie dio contigo. Los años
pasaban, y yo cada vez estaba más y más deprimida, ¡no podía permitirlo, la
gente me necesitaba!; una grave epidemia amenazaba a los pocos humanos que
quedábamos. La mortalidad entre los de mi profesión aumentó y, decidí copiar mi
mapa cerebral y subirlo a la red, así podría ser cientos, miles de Sanayudantes.
La humanidad necesitaba ayuda más que otra cosa. Desde ese día he protegido y
me he preocupado de cada ciudadano de Ethya. Pero eso ya no importa porque
estás aquí y puedes vivir a salvo, aquí, para siempre.
—
Pero… no es necesario. Ahí fuera no hay tanto
peligro como imaginas. Y ya tengo un hogar en Nubhyntia —añade el chico.
Al escuchar esto
Athena cierra la bóveda que cubre la isla y prohíbe terminantemente salir a
cualquiera. Thim le muestra que su vida fuera es feliz, y que también realiza
buenas acciones para ayudar a otros; le cuenta como resuelve los problemas
matrimoniales de la alcaldesa con su mujer, como repara a MIN cuando alguna de
sus piezas se afloja… El muchacho hace entrar en razón a su madre, pues ella ve
que, en cierto modo él también es un Sanayudador; abre la cúpula de nuevo.
—
Todo aquel que quiera abandonar la isla en busca
de nuevas experiencias, puede hacerlo— comunica por megafonía Athena.
Thim creía que
todos los ciudadanos se arremolinarían en los astilleros, pero no era así, seguían
mirando sus pantallas, realizando compras y viviendo su vida; en la cúpula se sienten
seguros y se habían acostumbrado a vivir de ese modo.
Athena Bot
acompaña a Thim, Aletas y MIN (que no se había percatado de la desaparición de
sus amigos hasta que no los vio de nuevo) hasta los muelles haciéndole entrega
al joven de unas gafas de realidad virtual. Ya se está poniendo el Sol,
embarcan rápidamente y ponen rumbo de vuelta a casa; en cuanto zarpa el barco,
el chico enciende el obsequio y se lo coloca en los ojos; un hogareño salón aparece
frente a él y en el sofá, Athena, la mujer se levanta y ambos se funden en un
emotivo abrazo.
—
Cuidate mucho en Nubhyntia, cielo. Y no comas muchas golosinas — le dice Athena acariciándole
la mejilla. La imagen, se distorsiona y comienza a emborronarse. — Qué rápido
pasa el tiempo, ya debéis estar alejándoos demasiado—.
—
Es esta… ¿La verdadera tú? — se pregunta
mientras la vuelve a abrazar más fuerte.
—
No estoy segura, tesoro. Yo me siento como si
fuera yo. Espero que sea suficiente. —
Se sucedieron
varias interferencias seguidas hasta que todo se quedó en negro. Estaban tan
lejos que ya la señal de la isla no alcanzaba. Thim notó como una lagrima
recorría su rostro y ya a la nada dijo:
—
Adiós mamá.
- Tore Tyrell-
Me parece un relato muy creativo, tienes una imaginación muy fértil, y al igual que el anterior es muy original, me han encantado las palabras que te inventas para darle un toque mas futurista, si tuviera que cambiar algo sería simplemente contar con mas detalle algunas partes, como por qué lo raptaron, como vive en Nubhyntia y crearia un poco mas de conflicto para darle un toque mas de acción, pero me ha gustado mucho.
ResponderEliminarYuri