Otra vez igual. Apagas y enciendes
la luz, la vuelves a apagar y la vuelves a encender. ¿Es que nunca te vas a
cansar? Me parece tan injusto que tú puedas tener un cerebro y yo no. ¡Pero si
no lo usas! No le sacas ningún partido.
Apagas y enciendes la luz, la
vuelves a apagar y la vuelves a encender. No lo entiendo, me desquicias. Tiene
que haber mil y una formas mucho más eficaces para echar a un murciélago de un
desván. Con el esfuerzo que me cuesta hacerte llegar hasta aquí arriba y lo
desperdicias de esta forma. Si de mí dependiera ya haría semanas que nos
hubiéramos deshecho de esa maldita rata alada.
Apagas y enciendes la luz, la vuelves apagar y la vuelves a encender. Si todas tus estrategias son iguales que esta no me extraña que perdieras la pierna en Vietnam. De hecho no sé cómo fueron capaces de poner un arma en tus manos pedazo de zoquete.
Apagas y enciendes la luz, la
vuelves a apagar y la vuelves a encender. La vida es muy injusta, ofrece
recursos a personas que no están dispuestas a utilizarlos.
Apagas y enciendes la luz, ¿esta
vez no vuelves a apagarla? ¿Qué pasa viejo? ¿Ya te has cansado de intentarlo?
¿Te has dado cuenta de que esa técnica no funciona? Porque no fun – ci – o -
na. Te lo puedo decir más alto pero no más claro. Bueno… Lo diría si pudiera
hablar, tú ya me entiendes. Bueno, no me entiendes. Pero… ¿Qué haces ahora?
¿Por qué me desenroscas? Pero no me lances. ¡Ay! ¡Qué daño! Sigo pensando que
eres un zoquete, pero al parecer te había subestimado con todo este asunto del
murciélago.
Por fin se marcha. Adiós
pequeñín, adiós. Siento no tener más que unos tristes pequeños e inmóviles dedos
de prótesis encerrados en una sucia bota para poder darte este adiós tal y como
te mereces: con un buen perdigonazo en la sien. Esa que contiene el cerebro que
tú tampoco usas y que a mí me gustaría tener.
Celia.
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