miércoles, 1 de marzo de 2017

Un murciélago, un zoquete y una envidia inerte

Otra vez igual. Apagas y enciendes la luz, la vuelves a apagar y la vuelves a encender. ¿Es que nunca te vas a cansar? Me parece tan injusto que tú puedas tener un cerebro y yo no. ¡Pero si no lo usas! No le sacas ningún partido.

Apagas y enciendes la luz, la vuelves a apagar y la vuelves a encender. No lo entiendo, me desquicias. Tiene que haber mil y una formas mucho más eficaces para echar a un murciélago de un desván. Con el esfuerzo que me cuesta hacerte llegar hasta aquí arriba y lo desperdicias de esta forma. Si de mí dependiera ya haría semanas que nos hubiéramos deshecho de esa maldita rata alada.

Apagas y enciendes la luz, la vuelves apagar y la vuelves a encender. Si todas tus estrategias son iguales que esta no me extraña que perdieras la pierna en Vietnam. De hecho no sé cómo fueron capaces de poner un arma en tus manos pedazo de zoquete.

Apagas y enciendes la luz, la vuelves a apagar y la vuelves a encender. La vida es muy injusta, ofrece recursos a personas que no están dispuestas a utilizarlos.

Apagas y enciendes la luz, ¿esta vez no vuelves a apagarla? ¿Qué pasa viejo? ¿Ya te has cansado de intentarlo? ¿Te has dado cuenta de que esa técnica no funciona? Porque no fun – ci – o - na. Te lo puedo decir más alto pero no más claro. Bueno… Lo diría si pudiera hablar, tú ya me entiendes. Bueno, no me entiendes. Pero… ¿Qué haces ahora? ¿Por qué me desenroscas? Pero no me lances. ¡Ay! ¡Qué daño! Sigo pensando que eres un zoquete, pero al parecer te había subestimado con todo este asunto del murciélago.

Por fin se marcha. Adiós pequeñín, adiós. Siento no tener más que unos tristes pequeños e inmóviles dedos de prótesis encerrados en una sucia bota para poder darte este adiós tal y como te mereces: con un buen perdigonazo en la sien. Esa que contiene el cerebro que tú tampoco usas y que a mí me gustaría tener.  


Celia.

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