martes, 21 de marzo de 2017

SpAAnic9


     Tras varios retrasos por los infinitos ajustes esa primavera iba a iniciarse el plan. Todo había quedado decidido en SubDabo, la ciudad interior, el centro velado del poder del que todas las teorías conspiratorias venían hablando desde hacía décadas. Su ubicación también había sido siempre un misterio, pero el lugar exacto se encontraba en el subsuelo suizo, bajo los Alpes, justo debajo de la residencial Davos, como una proyección en espejo hacia abajo, en el centro geométrico de un mapamundi idealizado. Allí ocultos se reunían y decidían al margen de todas las leyes de todos los países los únicos de verdad poderosos del planeta. Ellos eran un reducido grupo de elegidos encargados de manejar las riendas del mundo. Ocupaban, junto con pequeños equipos de funcionarios, la ciudad secreta de SubDabo, de unos 300 kilómetros cuadrados. El Poder estaba concentrado en el TREPH, órgano colegiado formado por tres Komt: el Komt Financiero, el Komt Científico y el Komt Ficción, cada uno a su vez jerarquizado en Divisiones, Secciones, Jefaturas y Planes. Desde esta élite sigilosa se dirigía el destino de la Humanidad, sus crisis y bonanzas, sus accidentes y sus logros, sus mejoras sociales o sus oleadas de crímenes. Manejaban la economía, el desarrollo técnico y guionizaban la manera de ir presentándolo a la Historia.

      La tecnología en 2039 ya era suficientemente avanzada como para poder influir en el clima de una área no muy grande del planeta. El orden cósmico todavía estaba fuera del control humano, la Tierra seguía sus órbitas alrededor del Sol, las estaciones se sucedían en los ciclos habituales, pero se estaba a punto de iniciar pequeños ensayos con modificaciones ambientales controladas. Los efectos del cambio climático global ya se dejaban sentir de manera muy concreta y la población se había ido adaptando a ellos mientras sufría las consecuencias. Aquella primavera de 2039 era el momento elegido para dar un salto adelante. Tras muchas pruebas virtuales en los simuladores de SubDabo había que ponerlo en práctica sin más demora. Se evaluaron todas las zonas del mundo. Se tuvieron en cuenta las densidades de población y las expectativas de vida de cada área. Se pensó en afectar al Primer Mundo o intentarlo en zonas ya depauperadas de África o Asia. También los diferentes regímenes políticos se tuvieron en consideración: no serían las mismas consecuencias para el proyecto llevarlo a cabo en una dictadura que en una monarquía o en una democracia parlamentaria. Muchos debates e informes después, el TREPH emitió su veredicto irrevocable y por unanimidad: el sector elegido para un cambio de clima experimental y monitorizado sería el país europeo conocido como España.

        Se tuvieron en cuenta su latitud y su longitud, la formación geológica sobre la que se asentaba, su flora y su fauna, su historia como pueblo a lo largo de los siglos, sus kilómetros de costa y decenas de parámetros más. Pero lo que terminó de inclinar la balanza fue el peculiar caso que suponía su presidente Rajoy. En aquel 2039 el país ya era formalmente una República. La Monarquía había sido abolida años atrás sin demasiados dramas ni impedimentos, los nacionalismos periféricos se mantenían e incluso habían surgido nuevos. La corrupción política y financiera era una constante, salvando las escasas épocas en que la Justicia parecía despertar de su letargo y ponía un poco de miedo en las sedes de los partidos, para poco después volver a relajar la vigilancia. Las naciones vecinas habían cambiado sus gobiernos a través de sucesivos procesos electorales. Algunas incluso habían terminado por desaparecer engullidos sus sistemas por movimientos ultras de todo signo y vivían en regímenes híbridos, mitad dictaduras, mitad democracias parciales. Europa en su conjunto había perdido peso e influencia en el ámbito geopolítico. China era el nuevo líder sin rival y las antiguas potencias como Estados Unidos y Rusia padecían severas crisis sociales y tecnológicas de las que el régimen de Pekín no les dejaba salir. Un mundo parecido al de siempre, aunque con significativos cambios. Pero Rajoy seguía ganando elecciones, inaugurando legislaturas, una detrás de otra. Incluso su partido original había desaparecido completamente carcomido por los cohechos y las corruptelas de forma que él mismo se vio forzado a crear uno nuevo en el que sólo figuraban sus más estrictos colaboradores. Desde esa postura de fuerza incontestable, extraña, imbatible, toda la oposición política, sin distinción ideológica, había formado una Gran Coalición, incluidos sus antiguos compañeros de filas, para intentar derrocarlo. Pero fracasaban una y otra vez., de tal manera que el titán político había acabado modificando la Constitución de 2020 y su reforma le permitía ocupar los dos más altos cargos del país: Presidente de la República y Primer Ministro. En SubDabo no pasaba nada desapercibido y este hecho insólito en el panorama político internacional menos aún. Se daban pues dos circunstancias que no se podían desaprovechar: la peculiaridad de la propia España y el caso único de Rajoy, a punto de cumplir los 84 años (conocido en el mundo hipertecnificado de SubDabo con el código RYO). Cuando se le llamó a consultas en un amplio despacho de los sótanos suizos para exponerle el plan secreto ni se extrañó ni se opuso. En su dilatadísima carrera se había visto comprometido en situaciones mucho más complejas y de todas había salido indemne. En este caso los jerarcas del TREPH fueron persuasivos como sólo ellos podían serlo y RYO salió a la superficie convencido de que aquel sería otro motivo más por el que la Historia lo recordaría. Nada podía salir mal. Se trataba tan sólo de una prueba controlada en todo momento, testada ya antes en potentes ordenadores. La República española estaría informada en todo momento de la planificación y avance del programa. Las posibles pérdidas económicas que se derivaran serían compensadas con creces. El nombre de España saldría del olvido científico secular en que se encontraba. RYO dijo sí a todo.

       En marzo de 2039, momento de inicio de la operación SpAAnic9, que así se llamaba el estudio piloto, el clima en toda España era el propio de esa época: inestable, con anticipos de una primavera soleada en la mitad sur, algunas lluvias esporádicas, nubes en cielos muy azules... Pero fue a partir del día 10 cuando toda la tecnología de la que era dueño el TREPH (satélites opacos, miniestaciones submarinas, bosques biointeligentes, ríos que conducían metadatos informáticos en sus corrientes, etc.) se puso en marcha y la temperatura empezó a bajar a razón de un grado por día. Todavía no era una anomalía que fuera noticiable en los noticieros, pero era algo que se dejaba ya sentir. El programa continuó su hoja de ruta y según tenían establecido se decidió dar un primer impulso sensible hacia la semana de Fallas, en la ciudad costera de Valencia. Los días en los que transcurrió la citada festividad estuvieron todos nublados, con vientos huracanados que apenas duraban veinte minutos, con lluvias muy copiosas e impropias de marzo. Hubo algunos desbordamientos de torrenteras y riachuelos con las consiguientes inundaciones, aunque sin lamentar más que pequeñas pérdidas económicas. La población que llevaba un año esperando las Fiestas se indignó sobremanera y cada uno echó las culpas a quien mejor le convino. Los hoteles de la capital vivieron múltiples cancelaciones de última hora. Los restaurantes dejaron de ingresar mucho dinero. Los posibles efectos económicos del turismo en la ciudad se esfumaron y buscaron otros destinos. En SubDabo asentían satisfechos mientras llegaban los primeros datos: estaban incidiendo en la pérdida de riqueza de la zona además de modificando la actividad humana y, por supuesto, molestando mucho el humor de los festeros. El plan avanzada con todo a favor. Pasaron las fiestas pero el estupor se iba a apoderar de la población: el día 20 de marzo el sol lució en todo el territorio nacional, la temperatura aumentó 12 grados y la primavera dio comienzo y brilló como si tal cosa, de manera singular en la ciudad del Túria. La televisión, las radios, las redes sociales, no pararon de comentar el suceso tan poco habitual de vivir una semana de tiempo otoñal "incrustada" en mitad de un marzo meridional. En los procesadores de SubDabo se analizaban todas las variables y registros que se habían tomado. Las conclusiones fueron unánimes: como prueba inicial había funcionado mucho mejor de lo esperado. RYO fue puesto al día con unos sucintos dos folios enviados por fax a su despacho en Zarzuela (residencia reconvertida en domicilio del Presidente de la República). Las semanas posteriores se dejaron al albur de la propia climatología. El pueblo español volvió a enzarzarse en sus estériles disputas políticas y futbolísticas. Nuevos programas televisivos pugnaban por apoderarse de una audiencia a esas alturas incapaz de cualquier otro ocio que no fuera el envasado y digerido por los programadores de las compañías de entretenimiento.

         La primavera avanzó a su ritmo. Pasadas una semanas y casi olvidado el incidente climatológico de días atrás se volvió a la agenda oculta que se tenía maquinada en los despachos subterráneos suizos. Una nueva intervención iba a producirse hacia finales de abril, coincidiendo con la Semana Santa en España (los estudios preliminares hechos en los simuladores de SubDabo habían comprendido perfectamente la importancia de las fiestas, de todo tipo, en el desarrollo cultural y económico del país). En esta ocasión se iba a hacer especial incidencia en el Área Sur del territorio. En ese 2039 ya había arraigado en Andalucía un fuerte compromiso nacionalista, casi a la altura de las regiones catalanas y vascas. De manera que los programadores del TREPH pretendían dar un giro más: incidir doblemente en el estado de ánimo de los andaluces como españoles y como nacionalidad perjudicada frente al resto del territorio. El proceso de manipulación climatológico siguió los valores establecidos en marzo, pero si acaso en esta ocasión fue algo más virulento. Un empeoramiento repentino llegó a los termómetros y la estaciones sin capacidad para haberlo previsto; vientos nunca experimentados por esas zonas sureñas, bajadas de temperaturas históricas, lluvias como de monzón. El impacto en la población fue brutal. La gente se vio indefensa ante lo drástico de la situación. No ya el componente folclórico que se fue al traste molestó al común de los habitantes, sino que la actividad cotidiana se quedó paraliza durante cuatro largas jornadas. El Ejército intervino, la Cruz Roja trató de asistir a los que vieron inundadas sus casas o derruidos sus chalets, las Comunidades vecinas ofrecieron sus propios recursos para ayudar inmediatamente. Como era de esperar, el sufrido pueblo español en su conjunto miró hacia el Presidente de la República. Como era de esperar, RYO tampoco manejaba todos los detalles de la operación. Sólo pudo improvisar promesas de compensaciones económicas y mostrar su más honda preocupación por los afectados. Para ello emitió un mensaje televisado que nadie pudo ver en la mitad sur del territorio debido a los cortes del suministro eléctrico y que en la otra mitad no terminó de inspirar mucha confianza, pero que aún así decidió encomendarse una vez más a su discurso entrecortado. Se vivieron y quedaron registradas en las infinitas cámaras de vigilancia las primeras respuestas en forma de pánico irracional en algunas personas. Que volviera a ocurrir un fenómeno tan descabellado en tan poco espacio de tiempo no podía obedecer a causas naturales y lógicas. Debía existir un componente que no tuviera relación con el azar natural de las cosas. En las tertulias televisadas se propagaban teorías de todo tipo y se desmentían casi con la misma rapidez. La gente en los mercados y los jubilados en los parques tiraban del eterno refranero español buscando análisis concluyentes. Los funcionarios de SudDabo no paraban de felicitarse. La elección de España como campo de pruebas no defraudó a nadie.
           Sin embargo el plato fuerte estaba preparado para la noche de Viernes Santo. En un momento determinado del atardecer el sur español sufrió una tormenta de granizo como nunca se había visto. El caos fue casi total. Se mezclaron las maldiciones al cielo, la paranoia, el miedo ante la hecatombe que bajaba de las nubes, la resignación cristiana y el colapso en las estaciones de autobuses. Los más propensos se inclinaron ya a pensar en un castigo divino, como los que se pueden leer en el Antiguo Testamento: tantas facilidades republicanas al resto de religiones para que se implantaran en el territorio sólo podía traer estas consecuencias, pensaron. Hubo lloros en las Hermandades sevillanas como en su momento en los casales falleros. Pero al igual que en el anterior ensayo de marzo, los programadores de SudDabo levantaron el pie para el Domingo de Resurrección. Aquí la mejora paulatina del tiempo ya fue medida casi al milímetro. La temperatura subía décima a décima en un crescendo que desembocó a las doce de la mañana del domingo en unos maravillosos 27 grados de media en todo el pais. El panorama que ofrecía a vista de dron Andalucía era propio de un paisaje noruego y sin embargo el cielo despejado y el sol radiante eran el común de la costa mediterránea africana. El granizo comenzó a derretirse con celeridad mientras las imágenes del deshielo se recibían en los monitores de SudDabo. La operación marchaba perfectamente y se estaban cumpliendo los plazos mucho mejor que en las mejores previsiones. Como en el primer ensayo, el día a día pronto restauró la conmoción de los españoles. Cada cual volvió a sus cosas. Una de las principales cuestiones a resolver fue encontrar fechas para disputar la jornada de Liga que hubo de ser aplazada por la granizada. Volvieron las tertulias y los refranes en los parques. RYO era consciente de que todo obedecía a una programación de Organismos muy preparados, pero de vez en cuando también le asaltaban dudas sobre cómo acabaría todo aquello. Pensó en pedir explicaciones, pero lo fue dejando.

        Los Servicios de Inteligencia (ajenos por completo a los planes del TREPH y tampoco informados por el Presidente) ataron cabos y concluyeron: la próxima anomalía climatologíca se volvería a producir en mayo, concretamente en las Fiestas de San Isidro de Madrid, justo en el centro de la República, donde las consecuencias podrían ser inimaginables. Emitieron los correspondientes informes alertando de lo que se venía encima e inmediatamente el Gobierno preparó un dispositivo a la altura del posible ataque (ya se manejaban esos términos, como si el frío inesperado tuviera la categoría de célula islamista). Madrid se fortificó. Se desplegaron hospitales de campaña por los barrios, se instalaron equipos de energía para los posibles cortes en el suministro, se almacenó agua en cisternas en la periferia. El pueblo madrileño asistía al despliegue entre preocupado y aliviado. Todos los actos previstos en las Fiestas se intentaron programar en lugares que estuvieran a cubierto, tratando de evitar nuevos lloros por las cancelaciones de última hora. La inversión en seguridad fue descomunal. En SudDabo no salían de su asombro cuando las imágenes de las plazas madrileñas les llegaban a través de las pantallas. No habían ideado nada para mayo, pero daba igual: el Gobierno español se adelantaba a sus complejas desestabilizaciones. La estrategia de provocar el miedo y su alivio preventivo también influía directamente en la economía y en la política de la zona en conflicto. Podían obligar a gastos desmesurados creando el clima adecuado. Coincidió que en todo mayo no cayó una sola gota de agua en Madrid. En el resto de España ocurrió algo parecido, de tal manera que se catalogó como uno de los mayos más secos de los últimos treinta años. Las verbenas pudieron celebrarse por las noches como toda la vida lo habían hecho mientras que las mañanas se dedicaron a recoger todo el dispositivo de seguridad intacto.

        Pero ni en mayo ni en junio ni en julio ocurrió nada anómalo en la climatología ibérica simplemente porque en Suiza, en sus estratos turbios, en la ciudad más poderosa, estaban diseñando el tramo final de la operación SpAAnic9. Las semanas transcurridas sin alteraciones también formaban parte de planificación, pues en SudDabo no eran ajenos a lo olvidadizo que podía ser el pueblo español, sobretodo teniendo en cuenta que el verano ya estaba a la vuelta de la esquina y ese era el tema principal por encima de los demás asuntos. Después de los muchos estudios y ponderaciones la troika del TREPH, asesorada por sus eficientes funcionarios, decidió que el cenit y conclusión del experimento debía producirse el 15 de Agosto, festividad de la Virgen en la práctica totalidad del territorio y que además sería lunes, con lo que el conocido "Puente de Agosto" aportaba a los ideadores del programa un valor añadido. También se tuvo en cuenta los cientos de miles de turistas que estaba previsto que llegaran a España ese verano. El terrorismo internacional ya no era un mal exclusivo de ningún país, pues se producían ataques, grandes y pequeños, en todos los continentes. Simplemente España llevaba ya varios años sin sufrirlos y eso había ido decantando su pujanza como destino preferido de aquel que podía permitirse viajar al extranjero para sus vacaciones. Si eran muchas las nacionalidades que se veían afectadas por las consecuencias del experimento el caudal de datos sería muy valioso para los estudios posteriores. En SudDabo no dejaban nada al azar. Agosto empezó con unas temperaturas ya altísimas. La meseta Central y el Sur no bajaban de los 24 grados y sólo en las costas se podía respirar un poco al caer el sol. La ocupación hotelera rozaba el lleno absoluto. Las carreteras se cobraban a los muertos habituales en la Operación Salida y hasta el pueblo más pequeño y más recóndito hacía pasacalles con sus Damas de Honor y su Reina en las Fiestas del Verano. Todo muy normalmente español mientras el TREPH perfilaba las últimas cuestiones y ponía en marcha los movimientos preliminares. A RYO apenas le habían puesto en antecedentes de todo lo que sucedería, pero le tranquilizaron diciéndole que esta última planificación es la que más tiempo les había llevado y en la que más cuidado habían puesto. Todo Ok, pues, -asintió el Presidente.

       El sábado 13 el día amaneció caluroso, sin nubes en el ancho cielo español, con las playas atestadas y los chiringuitos inmersos en una actividad frenética. El interior de la Península era algo parecido: el turismo rural había colonizado prácticamente todo el territorio que no se encontraba en la costa, de manera que España se había convertido en un gigantesco balneario. Muy pocas zonas se conservaban ajenas al negocio. Pero ya era casi la única actividad que proporcionaba ocupación a sus dolidos habitantes, así que a nadie se le ocurría cuestionar ese modelo económico. Fuegos artificiales por la noche, vaquillas en las calles de muchos pueblos, carreras populares alrededor de los antiguos polígonos industriales, algunos Torneos de fútbol veraniegos para calmar el ansia de los aficionados, un verano clásico, en definitiva. La diferencia es que todo esto estaba siendo visualizado y seguido al minuto por los canales de la inmensa Central de Control de Datos de SubDabo. El domingo siguiente, día 14, la tónica general fue la misma. Se produjeron también múltiples bodas (en más de una hubo que lamentar la intoxicación alimentaria de los invitados), los inevitables consejos de las Autoridades Sanitarias para protegerse del calor, algún incendio provocado en la parte de Galícia, etc. Por la noche las terrazas se llenaron de extranjeros y autóctonos en una comunión perfecta celebrando la alegría de vivir.

         Sin embargo, en la madrugada del lunes 15, en el día ya grande de la Fiesta Absoluta Española, algo empezó a cambiar: la operación SpAAnic9 estaba relanzada. El cielo se fue colmando de nubarrones cárdenos, la brisa del amanecer arreció extrañamente, los animales de los corrales en la parte agraria del país y las consentidas mascotas que vivían en los mejores áticos de las grandes ciudades se inquietaron al unísono y ya no pudieron ser calmadas. El mar en todas las costas se fue alterando ola a ola y el agua fue tornándose gris oscuro. Los más trasnochadores y los más madrugadores fueron los primeros en notar que algo estaba pasando y no sabían identificarlo. A las 08.30 horas empezaron a caer los primeros copos. Y no solo en las montañas o en la parte alta de la meseta. No hubo lugar del territorio español en el que la nieve no hiciera acto de presencia aquel 15 de agosto. El ambiente festivo de unas horas antes aún se mantuvo con la sorpresa inicial y la gente empezó grabar vídeos y a llamar a los niños para que se levantaran de sus camas y presenciaran el fenómeno. Lejos de ser una anomalía puntual la nevada fue arreciando mientras el sol quedaba oculto tras unas nubes ya verdosas. Según avanzaban los minutos las cadenas de televisión empezaron a hacer conexiones con distintas provincias para empezar así a crear un clima general de alarma: no había lugar a donde ir que estuviera fuera de ese raro influjo invernal en pleno Puente de agosto. La temperatura se desplomó en todas partes y de los casi treinta grados de hacía unas horas ya se habían perdido más de la mitad. Las primeras procesiones previstas en honor de la Virgen tuvieron que ser canceladas, dando paso así a los primeros lloros. Sobre las 11.30 horas las carreteras secundarias quedaron impracticables mientras la nevada ya era muy copiosa. Una hora más tarde fue la red ferroviaria la que quedó bloqueada. El frío se dejaba sentir ya muy en serio. La televisión emitía unas imágenes que bien podían ser del enero anterior. En el Gobierno (ajeno por supuesto a los planes helvéticos) se empezó a valorar la posibilidad de que el Presidente emitiera algún comunicado tranquilizador, pero RYO pensó que aún era pronto. Los servicios de emergencias, bomberos, Ejército, Unidades de Actuación Inmediata (UAI), todos pusieron en marcha sus operativos para estos casos, aunque más de la mitad de las plantillas se encontraba de vacaciones. Las redes sociales continuaron su labor extendiendo noticias falsas, comentarios xenófobos, fotos trucadas, etc. Pronto empezaron a rodar teorías que unían los anteriores episodios de caos climático en marzo y abril con lo que estaba pasando en aquellos momentos. De igual forma, los internautas más refraneros sacaron su artillería pesada. En esas mismas redes empezó a circular la certeza de que justo tras nuestras fronteras vecinas, francesas y portuguesas, el clima era el propio de la mitad de agosto. Esto solo consiguió incrementar el terror, pues quedaba patente que España estaba siendo objeto de un ataque muy concienzudo. Se dispararon las posibilidades: alienígenas, radicalizados de otras religiones, separatistas, retornados de los centenares de guerras vigentes a lo ancho del planeta, supremacistas vegetarianos, compradores compulsivos de todoterrenos que habían socavado el equilibrio térmico con sus caprichos, cada cual pensó en su grupo más odiado para hacerle responsable de la gran nevada agosteña. Las Vírgenes Patronas en su totalidad se quedaron sin salir de sus ermitas y cofradías. Lo de los lloros ya fue una epidemia. Para la hora de los Telediarios el país entero estaba cubierto por un manto de nieve y todos sus aeropuertos cerrados. Los afectados, tanto nativos como venidos del extranjero, no daban crédito y vivían una especie de impacto paralizante. Las embajadas trataron sin éxito de localizar a los suyos. A las 15.30 de la tarde el frío llegó a los 2 grados bajo cero de media. RYO fue convencido por su equipo de crisis y salió a las pantallas. No todo el mundo pudo recibir la alocución, pero el efecto fue en unos y en otros el de siempre: una calma inquieta y confiada. En SubDabo ya lo estaban festejando por todo lo alto. La operación había sido un éxito absoluto. El ensayo in situ había mejorado los resultados obtenidos en las simulaciones del laboratorio. La incidencia directa en el funcionamiento entero de un país quedó demostrada al primer intento. En cuestión de minutos fueron almacenados todos los gráficos e imágenes para después poder hacer análisis con ellos y tras los últimos brindis comenzó la desaceleración de la SpAAnic9.

     Dejó de nevar sobre las 16.15 en todo el país a la vez. Las nubes se fueron desintegrando y el sol empezó su labor de deshielo. Las temperaturas subían a ojos vista en los termómetros. Las carreteras volvieron poco a poco a ser transitables. Los aeropuertos empezaron a recibir la afluencia de extranjeros que estaba dispuestos a pagar lo que fuera por obtener un billete de avión que los sacara de aquel extraño país. Internet seguía en su realidad paralela. El progresivo calor fundió casi toda la nieve para las 19.45 y enseguida el inagotable espíritu español empezó a pensar en que aún daba tiempo a preparar las verbenas para esa noche. Sin duda el apocalipsis estaba cerca y parecía que iba a empezar por España así que lo mejor era olvidar pronto lo ocurrido y celebrar el fin del Puente como mandaba la tradición. RYO, viendo ya a su amado pueblo ir a lo suyo, pensó que con una pequeña intervención sería suficiente para dar por concluido el episodio de forma institucional. Preparó para ello un breve discurso con algo referido a los años de nieves y los años de bienes. Sus equipo más cercano lo desaconsejó. Lo que no imaginaba él mismo era que a esas horas del anochecer del 15 de agosto en SudDabo, bajo los Alpes nevados, ya estaban pensando en incorporarlo a sus filas de funcionarios encubiertos en la categoría de Asesor Máximo. Serían persuasivos como solo ellos sabían hacerlo, aunque con toda probabilidad no fuera necesario.


Diego




 


 



1 comentario:

  1. Me ha gustado ese toque crítico a la par que cómico que le has dado al relato, y como has creado la distopía a partir de la realidad, el final un poco triste, pero también muy real, se premia la incompetencia y la corrupción como en la vida misma.

    ResponderEliminar