Todas
las familias, al igual que todos los grupos de amigos, cuentan con alguna
persona que no llega a encajar. Tal vez sea por sus pensamientos radicales, tal
vez por sus extraños gustos o, tal vez, y simplemente, porque no quiere
encajar.
Esto
es lo que le sucede a la protagonista de esta historia: Estefanía Asins.
Estefanía
siempre había recorrido los pasos preestablecidos, solo que a veces se le
cruzaban los cables y cambiaba completamente el chip. De pequeña, le gustaba
mucho jugar a fútbol y juntarse con los chicos, ya que no entendía a las chicas
de su edad. Sin embargo, desde que en un partido le metió semejante balonazo en
las partes bajas de un chaval que le tuvieron que llevar directamente al
hospital, como que dejaron un poco de jugar con ella.
Así
que le tocó permanecer al lado de esas chicas que, por mucho que no tuvieran
nada en común, la aceptaban.
O
al menos eso creía Estefanía.
A
medida que iban creciendo, sus gustos se iban alejando cada vez más. Lo que a
ellas les parecía lo más normal, para Estefanía era una barbarie. ¿Con 14 años
y con tacones? ¿Por qué querían sufrir tan pronto? Disculpadme, a veces me es
inevitable ponerme del lado de la protagonista.
A
la par que ella lo veía una locura, sus “amigas” también la veían como una
loca. Una friki. Y así justamente es como la llamaron… a sus espaldas. Al
enterarse por otra amiga que había escuchado eso fortuitamente, decidió tener
el valor de imponerse y exigir una explicación.
Y
eso es lo que hizo. En un descanso tras la clase, se acercó a la chica que la
había llamado así mientras todos los compañeros de la clase las rodeaban al
grito de “uuuuh”. Ya sabéis, similar al bramido de un mono. Estefanía consiguió
alzar su voz y dejar claro que ella valía mucho más de lo que esas niñas
creían. Lo hizo tan, tan bien, que hasta consiguió una disculpa y una marea de
aplausos.
Orgullosa
como ella sola, se fue con pasos dignos al recreo. Pero la torpeza es demasiado
innata en ella y, justo cuando fue a poner el pie en el primer escalón, se
resbaló, cayendo de culo por las escaleras con el sonido de las risas de sus
compañeros por detrás. Realmente solo faltaba el tema de Benny Hill para
completar semejante escena bochornosa. Se levantó como pudo e intentó
sobrellevar la caída de la manera más digna posible: corriendo a encerrarse en
un baño.
No
estoy muy segura de cuánto tiempo estuvo allí encerrada, la verdad. Tal vez
varios meses, porque para cuando salió, las risas ya habían desaparecido y ella
parecía un año mayor. O tal vez simplemente me despisté y dejé de seguir su historia.
Nunca lo sabremos.
Lo
siguiente que pude observar es que continuaba con ese grupo tan irritante que
le hacía la vida imposible. Un poco atontada la protagonista, pero qué se le va
a hacer, era eso o quedarse sola. Aunque parecía que en ese tiempo en el que
estuve ausente, conoció a nuevos amigos. ¡Y hasta la entendían! No se metían
con ella y compartían muchos gustos. Poco a poco se fue sintiendo más a gusto
con ellos y menos con las otras chicas. Así que decidió rebelarse, y no por lo
bajini, no, sino que alzó bien la voz y les dejó claro lo que pensaba.
En
una noche de Fallas, cerca de la carpa que habían puesto en mitad de la
carretera, paró en seco a sus “amigas”, que estaban cotilleando sobre la
vestimenta de un chico esa noche. No les parecía nada “cool”. Todas la miraron
cuando les dijo que no podía más. Que no las soportaba. Que eran “unas niñatas
que solo saben criticar”. Que le aburrían. Que no quería seguir estando con
ellas. Ninguna llegó a articular palabra, ya que Estefanía empezó a caminar
antes de darles la oportunidad de replicar.
Por
fin estaba haciendo lo que debería haber hecho hace mucho tiempo, se dirigía
directa a ese grupo de personas que realmente la apreciaban y entendían. Su
felicidad no podía ser aún mayor… pero como siempre, su torpeza le jugó una
mala pasada.
Su
camisa se enganchó con una de las vallas que había para cortar el tráfico, con
tan mala pata que se cayó, creando un estruendo tan enorme, que hasta pararon
la música y todas las miradas se dirigieron hacia ella. Estefanía solo pudo
encogerse de hombros y salir corriendo hacia el lugar que más seguro le pareció
en su día y más seguro le parecía entonces: el baño. Aquí también añadiría el
tema de Benny Hill. Es que ese tema es fantástico como banda sonora de la vida
de la protagonista.
Puede
que ese fuese el día en el que Estefanía desarrolló ese pánico a la hora de
hablar en público, esa vergüenza al conocer a gente nueva y esa afición por
tener el baño como un lugar de meditación y relajación. Posible razón por la
que ahora nunca va estreñida.
Me
gustaría poder decir que salió de ese baño y nadie la juzgó por ese numerito,
pero creo que me volví a despistar. Lo último que vi de su vida es que se cayó
de culo en una caca de perro en la protectora de animales. No parece tener
mucha suerte esta chica.
Solo
me queda deseársela y pasarme de vez en cuando a echar un vistazo, a ver si ha
mejorado un poco su torpeza.
¡Mucha
mierda, Estefanía Asins!
-Estefanía Asins-

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