jueves, 6 de abril de 2017

El mejor despertar

Sonó el canto del gallo cuando el hombre ya estaba preparado para salir a la calle, vestido como cada día, como cada mañana, pues para la tarea que ese día iba a desempeñar no quería ser una persona distinta a la que llevaba siendo todos esos años.

Paralelamente una muchacha dormía, con un sueño muy profundo, tras una ajetreada noche llena de baile, gente y sustancias prohibidas que, a largo plazo, le iban a causar más perjuicios que beneficios.
El caballero antes mentado subió a su vehículo preparado para un día más de duro trabajo, se puso el cinturón, sonrió y arrancó.

Mientras tanto la joven seguía plácidamente dormida, con la persiana bajada hasta los topes para que la luz no la molestara en las 5 horas que se había propuesto dormir. Ella descansaba pero su subconsciente no paraba de lanzarle imágenes de un gato pardo de ojos grises con una peculiar mancha en forma de corazón en su lomo  que le lamía la mano y ronroneaba bajo sus caricias.

Era hora de activar los altavoces para el hombre trabajador y, tras apretar el botón de encendido, empezó a sonar una especie de silbido parecido al que emite un pirulí seguido de una frase que anunciaba la tarea  y servicios que ofrecía el madrugador.

El gatito pardo paró, de repente, de lamer la mano de la bella durmiente y moviendo la boca de una forma extraña emitió un sonido que era más propio de un pájaro que de un gato. Este sonido fue seguido por una frase digna de todo gato parlante de sueños que se precie, “El afilador, ha llegado el afilador”. De un brinco abrió los ojos la muchacha, con esa frase y ese silbidito retumbando en su habitación y en su cabeza, una dolorida y aturdida cabeza que únicamente logró articular dos palabras, “Puto afilador”.


Manolo García, el afilador, terminó su agotadora jornada de trabajo y por fin pudo volver a casa para ducharse, relajarse y descansar sentado en su butaca acariciando la peculiar mancha en forma de corazón del lomo de su silbador y parlante gato pardo de ojos grises.

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