jueves, 23 de febrero de 2017

Hic et nunc

Hoy he creído sentir la lluvia deslizándose por mi piel. Hoy he creído sentir el viento zarandeando mi pelo. Hoy he creído ser capaz de estirar mis labios para dibujar una sonrisa en mi rostro.

Hoy he creído volver a existir.

Desde hace demasiado tiempo, tanto que ya he perdido la cuenta, me encuentro en un estado inverosímil. Supuestamente fallecí hace años, pero nada me ha impedido permanecer aquí, en un mundo desconocido tanto para vivos como para muertos.

Recorro las calles, si es que pueden denominarse así, buscando cualquier atisbo que me revele el motivo por el que me encuentro aquí. Tal vez dejé alguna tarea pendiente, o tal vez cometí errores que me han costado el permanecer en este frustrante estado. No estoy seguro de nada. Todo ha sido tan monótono, tan rutinario, tan… aburrido. No vivo, no muero. No respiro, no siento. No hablo, no escucho. Total, no hay nada a mi alrededor. Tan solo unos caminos oscuros que me obligan a plantearme cada paso que doy, pues el miedo a caer a un abismo me tiene sobrecogido.
Sin embargo, hoy ha habido un cambio.

A la lejanía, vi una luz brillar. Lo primero que pensé es que sería ese túnel que me llevaría a mejor vida, al más allá. Así que decidí seguirlo. A medida que caminaba, veía cómo mis pies desaparecían. Mi cuerpo entero desaparecía. Podía ver a través de mis manos y seguir aquella luz por mucho que cerrase mis inexistentes ojos. Ya no caminaba. Me deslizaba por el espacio, casi como si volase. Ya no pesaba nada. Era un halo de pensamientos que se dirigía dubitativamente hacia un destino completamente más incierto.

Cuanto más me acercaba a ese foco, más persona volvía a sentirme. No tenía cuerpo, pero sentía todo como si lo tuviera. Como si de nuevo estuviera en ese planeta que tanto amo, conocido habitualmente como la Tierra. Como si me encontrase recorriendo ese bosque tan preciado, colgándome de rama en rama como hacía habitualmente. ¿Sería esa sensación de ingravidez la que me recordaba tanto a mi querida juventud?

Todo era tan extraño… daba tanto miedo que, cuando llegué frente a luz, paré en seco. Me quedé delante, mirando fijamente, flotando sin saber cómo avanzar. El pavor me impedía moverme. Tal vez, esta especie de Limbo en el que he estado todos estos años, era la única oportunidad de volver a la vida. Tal vez, si avanzo un solo centímetro más, desaparezca para siempre.

Pero, ¿qué vida es esta? ¿Una que no vivo?

Con ese único pensamiento, decidí avanzar. Crucé ese paseo luminoso completamente decidido. Siempre con la frase en mente “hic et nunc”. Ahora o nunca.

.
.
.


Nunca he vuelto a saber de ese muchacho que cruzó. Creía que era el único aquí, pero ninguno de nosotros tenemos cuerpo. Todos flotamos errantes por este Limbo. Pocos se han atrevido a cruzar. 

Ninguno sabemos lo que realmente nos espera.
-Estefanía Asins-

2 comentarios:

  1. Idea original, el túnel y la luz al final de ese túnel pero visto del otro lado, de los que están en el limbo pero del lado de la muerte. Me gusta el planteamiento. Pero yo lo haría terminar en Ahora o Nunca, si no tenemos problemas con el punto de vista, de pronto cierra un personaje nuevo del que no sabemos nada que se hace con la voz del relato.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Completamente de acuerdo. Me pareció forzado dejarlo en "Ahora o nunca" y quise alargarlo más de lo que debía. Gracias por la crítica :)

      Eliminar