Ha llegado la hora, ya no tengo escapatoria.. estás frente a mí y me miras con ternura.
He intentado postergar este momento. Hasta que se ha vuelto inevitable, ya se que es natural, no es que no lo desee, es solo que me gusta tanto como me miras que desearía que eso no cambiara nunca.
Pero la vida es injusta, no importa cuánto intentes justificarla, a veces, simplemente no tiene sentido.
Sé por experiencia que esto suele acabar mal, en cuanto me desnude todo será diferente, sé que no soportaré tu compungida mirada, tú intentarás disimularla, es normal. No te culpo, yo aún no me acostumbro a contemplarme en el espejo sin sentir amargura, sin esos ojos tristes que observan el vacío dejado por la pierna que me falta. Al quitarme la prótesis apagaré la luz, para camuflar mi decepción, para que no te sientas incómodo. Lo pasaremos bien, pero nada volverá a ser lo mismo. Seremos tú, yo y la dichosa pierna, que está ausente y sin embargo, no se cansa de robarme protagonismo, siempre tan presente.
Ya hemos hablado de esto muchas veces, sé que me aceptas tal como soy, que realmente me quieres, pero esto es diferente, es una prueba de fuego. Habrá un antes y un después de esta noche. Aunque me ames no podré soportarlo. Odio las miradas de pena, incluso aquellas que son benévolas, incluso las que nacen del amor.
Comienzo por la camisa, la desabrocho lentamente, quiero por un instante sentir la eternidad del momento, alargarlo tanto como sea posible, quizás sea el último, después, de tus ojos se borrará la ilusión, no quedará espacio para el misterio, la realidad se habrá apoderado de todos los recuerdos, la imagen de mi muñón quedará esculpida en tus pupilas. Pero no tengo elección, no se puede postergar el destino.
Me siento sobre la cama, y desabrocho el pantalón, tu te apresuras a ponerte de rodillas, me ayudas a tirar de él, mi pierna ortopédica queda al descubierto, no puedo evitar mirarte a los ojos. Tú ya no te fijas en los míos, tu atención se ha posado sobre el tatuaje que tengo en la cadera, lo miras con curiosidad -¿un murciélago?- me dices entre risas. Me sorprendes y sonrío. Estás encantado con el descubrimiento. Me besas el tatuaje y se convierte en mariposa.
Escrito por Yuri Ruvalcaba.
Me ha conmovido muchísimo la historia.
ResponderEliminarNo las tenía todas conmigo al principio, porque estoy leyendo todos los relatos y el anterior me ha hecho reír tanto, que no me apetecía volver a algo "triste". Pero lo has manejado maravillosamente. Aparte de que los elementos que debíamos incluir están realmente presentes. Tanto, que mi parte favorita es cuando le besa el tatuaje.
Sigue así :)